Era el año 2002, tiempo en que el planeta kaki entró en contacto con la tierra, así quedó escrito en el  grandioso y mágico libro de los Acontecimientos… 

       Cuentan que en una de las galaxias más lejanas del universo, Kafeva, se encuentra kaki: un planeta colorido, inquieto, curioso, juguetón que gira alrededor de una estrella sonriente, de color morado intenso llamada Kakión.

      Kakión, no es una estrella como cualquier otra, además de darle rayos de luz a kaki, le regala música al planeta a través de sus delicadas y finas puntas…

      Es por ello, que los dos habitantes y dueños del planeta, los simpáticos Kakianos ,  son sensibles y  bailan, sueñan, piensan, se despiertan y duermen al compás de los cantos y sonidos emitidos por su grandiosa estrella. 

      Estos seres diminutos en tamaño, pero de grandes pensamientos y acciones  se comunican en un idioma llamado kakeo. Kakihokakila es su saludo al despertar y kakiakakimor es su guía para obrar.

      Los kakianos cambian de color; a veces son verdes, azules, morados, anaranjados y dejan una estela luminosa por donde pasan. Además de ser multicolores, tienen un oído muy desarrollado, poseen la capacidad de escuchar a millones de años luz, y gracias a este don, establecen comunicación con otros planetas y galaxias, en especial con las de espíritu joven. 

             Cuentan que una noche, el cielo se cubrió  de estrellas y que el resplandor era tan intenso, que niñas y niños saltaron de sus camas, porque pensaban que había amanecido…

      Fue una gran noche, una kakiana y un kakiano habían estado escuchando todas las peticiones, inquietudes y sueños de los niños de la tierra y  mientras más agudizaban sus asombrosas antenitas, lograron escuchar a dos músicos terrícolas llamados Fernando y Valeria. Estos humanos, estaban muy preocupados porque los niños y niñas no tenían muchas alternativas de música infantil para escuchar; sabían que en la tierra hacia falta música inteligente, reflexiva, innovadora; hecha especialmente para las mentes de los grandes pequeños de ideas sabias.

      La historia narra que a partir de ese mágico instante, cuando la noche llega a la cúspide de las montañas, las estrellas bailan y los espíritus del sol y la luna desempolvan sus trajes, los kakianos se vistieron de esperanza y emprendieron su viaje de millones de años luz montados en su fiel navecita Koeing FV162, y rebotando y rebotando a la tierra fueron a parar.  

      La llegada estuvo acompañada de un gran despliegue de colores y de mucha alegría. El planeta azul les daba la bienvenida, las ballenas desde la profundidad de los océanos cantaban e infinidad de pájaros danzaban en el cielo… fue un espectáculo inolvidable…

      Los kakianos tenían una misión, así que con su kakiakakimor pudieron potenciar y enriquecer la fabulosa inspiración de Fernando y Valeria, ayudándoles en su  hermosa labor de hacer música inteligente para niños.

      Cuentan que el encuentro fue corto… un día, cien años luz…nadie lo sabe con certeza, pero sin duda alguna,dejó huellas imborrables. Hoy por hoy los kakianos viven en un rincón de las almas de Fernando y Valeria y de todos lo niños.  

      De vez en cuando y de cuando en vez, la bitácora de los vuelos interplanetarios, trae a los kakianos desde el cielo. Por eso, no hay que dejar de mirar el horizonte, con esperanza. Tal vez una noche muy cercana, el amanecer nos llegue más temprano y volvamos a descubrir que el amor y la luz musical de los kakianos está allí para todos nosotros.